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Cómo planear la victoria

 

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Cómo planear la victoria

Gracias a series de televisión norteamericanas como The West Wing o a películas como Power o Wag the Dog, hemos conocido el papel que los consultores en marketing político desempeñan en las campañas electorales. Y aunque la realidad en nuestro país y en América Latina en general es muy diferente a la que presentan los medios estadounidenses, el fondo es el mismo y las intenciones finales también: descubrir las potencialidades que tiene un candidato o un partido político y estructurar las mejores estrategias para que los votantes se decidan por una opción determinada.

Los países latinoamericanos no han sido ajenos al manejo de esta clase de habilidades, sin embargo desde hace muy poco tiempo se han puesto en práctica bajo la tutoría de expertos que conocen el terreno donde se mueven, que han nacido y crecido en las mismas ciudades donde asesoran candidatos. Además los aspirantes a cargos de elección popular han tomado conciencia de los beneficios que pueden tener de manera directa, al contar con profesionales calificados para el manejo de lo que antes hacían funcionarios de campaña sin la menor preparación.

 

Y es que la buena planeación de una campaña electoral puede marcar la diferencia entre salir elegido o quedarse como el eterno candidato que busca el favor popular cada cuatro años. En el desarrollo de la estrategia de campaña se han reunido un gran número de disciplinas entre las que están la comunicación, la publicidad, la estadística, la sicología de masas, la telegenia y otras tantas que combinadas en su punto exacto han hecho que personas de la talla de John F. Kennedy en los Estados Unidos o José María Aznar en España se hayan convertido en productos mediáticos que la gente quiso comprar.

 

El marketing político no es una metodología complicada, al contrario para que tenga los efectos deseados debe ser lo más sencilla posible y su ejecución debe permitir la eventualidad de cambiar a medida que vaya transcurriendo la campaña. Sin embargo es necesaria la disposición de todos los actores desde el candidato hasta los voluntarios para poner en práctica y llevar a buen término las estrategias necesarias para ganar.

 

Una máxima que no debe borrarse nunca de la mente de los consultores de marketing político es que la información que se genere debe ser conocida por todos los integrantes de la campaña, de lo contrario es muy factible que en el camino se venga abajo el andamiaje sobre el que se han construido las estrategias para ganar.

 

El candidato

 

En nuestro sistema político el candidato es el protagonista principal por encima de los partidos o movimientos y mientras las cosas sigan así, la gran tarea del marketing electoral será desarrollar un esquema de construcción y proyección de fortalezas de la persona que se someta al veredicto del pueblo.

Sin embargo no se trata de prefabricar un candidato como si fuera una estrella de cine, sino de analizar primero sus fortalezas frente a los demás candidatos y luego sobre esas ventajas que se haya identificado, construir su plataforma personal, que no le serviría a ningún otro aspirante. Sobre ese temor que se tiene al manipular la imagen de los candidatos o de las campañas frente al electorado, Alberto Ruiz Gallardón actual alcalde de Madrid, España marcaba distancia con quienes pretendían cambiar su esencia: “mis zapatos, mis chaquetas, los elijo yo. Hay gente que no le gusta mi peinado, pero a mí sí”.

 

Siguiendo este mismo camino, la preparación de los candidatos en temas que no tienen por qué conocer se vuelve de la mayor importancia, pues serán tres meses de campaña pública, en los que se someterán a toda clase de auditorios, medios de comunicación y contradictores que podrían destruir sus aspiraciones con una sola pregunta o con una sola confrontación. En una campaña como en ninguna otra empresa, la preparación de la cabeza visible marca una clara diferencia.

 

La tarea a la que se enfrentan cientos de campañas en todo el país que buscarán una de las curules en el Congreso de la República es bastante difícil, es una contienda de la que saldrán bien librados unos pocos. Los demás habrán quedado con la sensación de haber perdido valiosos meses (o hasta años) de sus vidas en una campaña que no le dejó más que saldos en rojo y desgaste personal.

 

Quienes se posesionen como congresistas el 20 de julio próximo tendrán la seguridad (y la tranquilidad) de haber planeado sus campañas y de haber puesto en práctica técnicas que han funcionado, funcionan y seguirán funcionando en muchos países del mundo.

 

 
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